4º Domingo de Cuaresma

TANTO AMÓ DIOS AL MUNDO QUE LE DIO SU HIJO ÚNICO

Saludos cariñosos,
queridas-os amigas de Evangelio Vivo.CUA4B
El texto de este domingo es uno de más impresionantes
de toda la Biblia, incluido el Nuevo Testamento.
Contiene una frase magnífica que es la siguiente:
Tanto amó Dios al mundo,
que le dio su Hijo único para que el mundo se salve.
Espero que el comentario y el poema de hoy
les guste mucho y los lleve a la oración.
Les mando un saludo especial,
el saludo del amor fraterno
de las hijas e hijos de Dios

 

PROCLAMACIÓN DEL EVANGELIO SEGÚN SAN JUAN            Jn 3,14-21

Y como Moisés elevó la serpiente en el desierto, así tiene que ser elevado el Hijo del hombre,  para que todo el que crea tenga en él la vida eterna. Porque tanto amó Dios al mundo que le regaló su Hijo único, para que toda la gente que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna.  Porque Dios no ha enviado a su Hijo al mundo para juzgarlo, sino para que el mundo se salve por él.  El que cree en él, no es juzgado; pero quien no cree, ya está juzgado, porque no ha creído en el Hijo único de Dios.  Y el juicio consiste en que la luz vino al mundo, y los hombres y mujeres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas.  Pues todo el que obra el mal aborrece la luz y no va a la luz, para que no sean censuradas sus obras.
 Pero el que obra la verdad, va a la luz, para que quede de manifiesto que sus obras están hechas según Dios.

PALABRA DE DIOS

COMENTARIO de Patxi Loidi.


Queridos amigos-as de EVANGELIO VIVO: Saludos cordiales. ¿Se han fijado en la gran frase del comienzo del texto? Tanto amó Dios al mundo, que le regaló su Hijo único. Decimos que en el mundo hay mucho mal; pero resulta que, a pesar de ello, Dios lo ama. Y ¡cómo lo ama! No con un amor normal, sino regalándonos a su Hijo único.

Pero el mundo lo mata. Es algo terrible. Pero Dios sigue amando al mundo. Y del mal saca el mayor bien, porque con la vida, muerte y resurrección de Jesús, nos salva para siempre. ¿No lo dice este pasaje? Dios no mandó al mundo a Jesús para condenarlo, sino para salvarlo. Es terrible lo que ocurrió. Pero es también emocionante. ¡Estamos salvados para siempre!

¿De verdad que estamos salvados? Lo estamos, si nosotros aceptamos ese amor tan gran de Dios y obramos en consecuencia.

Por lo tanto, nada de pasividad y nada de magia. Nada de pensar que, como creo en Jesús, no tengo que hacer nada más. Dios me da la fe gratuitamente, como un regalo. Pero con ese gran don, yo tengo que producir frutos. Y ¿qué pasa si no produzco frutos? Que soy infiel al don que Dios me ha dado. Como el tercer hombre de la parábola de los talentos. El dueño le dio un capital gratuitamente. El hombre no hizo nada, no produjo nada. Y él mismo se condenó.

A propósito del amor de Dios, debemos rechazar una idea muy extendida: que Dios envió a su Hijo a morir por nuestros pecados. Esto es falso. Sería un dios cruel. Dios no envió a su Hijo a morir en la cruz, sino a ser nuestro hermano mayor, nuestro guía y modelo. Y ¿por qué lo mataron? Porque se comprometió con todo su ser por la justicia, la verdad y la gente pobre. Los poderes del mundo no lo soportaron y lo llevaron a la cruz como un malhechor. De su escuela han salido los innumerables mártires cristianos, entre ellos Monseñor Romero.

Hoy les invito a gozar con ese amor inmenso de Dios que nos ha regalado a su Hijo Jesús. Y a corresponder a su amor con muchos y buenos frutos.

PLEGARIA

¡Ay, el rostro del Padre!
¡Cuánta ternura entre sus poros!

Tiene tantos y tantos surcos…
Y cada surco es una senda de ternura.
Por ellos han corrido mil sonrisas
y muchas lágrimas.
¡Cuánto habrá soñado conmigo!
¡Cuánto habrá sonreído
y cuánto habrá llorado!

Es un rostro que no está seco nunca.
Mirándolo despacio,
puedes leer entre los surcos la palabra compasión.
Y más adentro, amor.

Ay: la palabra que trastorna.
¡El hijo único!
Y se lo dio al mundo,
a nosotros, a mí.

Aquel gran día me tomó en sus brazos
mientras la gente se reía
cuando me echaban agua.
Y sin que nadie lo advirtiera,
acercó el rostro hasta mi pecho,
escuchó los latidos
y me besó una y otra vez sonoramente.

¿Cómo no amar a un Dios que me ama tanto?
¿Cómo no amar a un mundo tan querido para él?
¿Y a cada ser humano, si Dios los ama tanto?
¿Y a las personas pobres,
cuya sangre es preciosa ante sus ojos?

De Dios sabemos poco.
Pero sabemos algo:
Me quiere.

 

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