MATAR AL HOMBRE EN NOMBRE DE DIOS

MATAR AL HOMBRE EN NOMBRE DE DIOS,
DESPRECIAR AL HOMBRE EN NOMBRE DE LA LIBERTAD.

Ion Etxezarreta. Apaiza.

   Profundamente apenados y entristecidos hemos asistido, impotentes, estas dos últimas semanas a acontecimientos que suponen una perversión de las bases de la dignidad humana que les sirven de justificación.

En el primero de ellos, el atentado terrorista de Barcelona, de consecuencias más trágicas, una perversión religiosa, de un sector determinado y minoritario de la comunidad musulmana, ha causado la muerte, por asesinato terrorista, a muchas personas, así como heridas físicas y psicológicas a tantas personas humanas inocentes. No podemos sino denunciar los hechos que los constituyen así como la perversión de su justificación, especialmente, insistimos, en lo que concierne a su raíz religiosa. Queremos también solidarizarnos con

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De Ralf Roletschek (talk)

 todos aquellos que más intensamente han sufrido esas consecuencias. Creemos que esta solidaridad implica además del compartir de los sentimientos, el análisis de los comportamientos y las relaciones, así como el intento de recuperar las bases de una convivencia realmente humana y fraterna, para la que consideramos muy importante reelaborar y convertirnos a los valores humanos que la hacen posible. Revitalizar el tejido social desde la perspectiva, una y otra vez recomenzada como tarea, de los derechos del hombre, y de la dignidad inherente e incondicional de la persona humana por el hecho de serlo. Sigue leyendo

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Es posible otra renovación pastoral – 2

La experiencia de Poitiers (2)

Jesús Martínez Gordo

– Publicado en Vida Nueva —     Religion Digital         

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CODEX

 3.- La organización de los equipos pastorales

Los ministerios laicales son designados -siguiendo el libro de los Hechos- por el sucesor de los apóstoles (a propuesta de las comunidades locales y previa aprobación de sus candidatos por los consejos pastorales de arciprestazgo o de vicaría). Los dos “delegados” restantes son elegidos por cada comunidad local, siendo suficiente una ratificación posterior por parte del obispo.

Corresponde a cada ministerio laical, como se ha adelantado, formar su equipo de colaboradores. Esta manera de proceder está abierta a lo que se conoce en Poitiers como el “segundo círculo”, es decir, a atender las demandas de ayuda de aquellas personas que, estando cercanas al primer círculo (formado por la comunidad local con el equipo pastoral), se interesan por la fe (sin ser practicantes regulares) y que están dispuestas a colaborar más activamente, siempre que la comunidad local se lo pida.

El ministerio o servicio que prestan estas personas es voluntario y por un tiempo determinado: tres años renovables por otros tres. Nadie puede comprometerse por más de seis ni de manera indefinida o “de por vida”.

Como viene siendo habitual en las diferentes iglesias locales de Francia, el obispo (o un delegado suyo) entrega la misión pastoral a estos equipos pastorales en una celebración litúrgica que ha tenido la virtud de abrir un debate (de largo alcance) sobre la identidad de estos ministerios laicales: ¿simples colaboradores -en conformidad con el canon 517 & 2- del ministerio ordenado por penuria de sacerdotes? ¿Inicio -como sostiene, por ejemplo, B. Sesboüé- de una nueva forma de sacerdocio ministerial que va más allá de la mera “participación” en el ejercicio de las tareas pastorales del presbítero? ¿Puerta abierta (como propone F. Moog prolongando la vía facilitada en su día por J. – Y. M. Congar) a la superación del binomio sacerdotes-laicos en favor del de comunidad-ministerios?

4.- Un nuevo modelo de presbítero

A diferencia de en otros tiempos, en nuestros días se está pasando de una situación en la que los laicos giraban alrededor del presbítero a otra en la que el sacerdote se pone al servicio de las comunidades locales. Es otro indicador de la renovación eclesial en curso.

Ello quiere decir que se necesita un modelo de sacerdote que ejerza y viva la presidencia de la comunidad cristiana de una manera más apostólica que la habida hasta ahora; que no sea clerical ni autoritario; que acompañe en la fe a un conjunto de comunidades locales con sus respectivos equipos pastorales de base; que cuide la comunión eclesial entre todas ellas y que recuerde permanentemente que la misión evangelizadora es la razón de ser y el corazón de todas y de cada una de las comunidades locales.

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Es posible otra renovación pastoral – 1

La experiencia de Poitiers

 

 

Jesús Martínez Gordo

– Publicado en Vida Nueva —     Religion Digital   

     Son cientos de miles las comunidades cristianas que, a lo largo y ancho del mundo, se organizan de otra manera, muy diferente a la que actualmente impera en Europa.

La experiencia de renovación eclesial impulsada por monseñor A. Rouet (1994-2011) en Poitiers fue formalmente desautorizada en 2012 por el sector de la curia vaticana más partidario de defender un modelo de Iglesia marcadamente clericalista que sinodal y corresponsable y, a la vez, más atento al código de derecho canónico que a los criterios teológicos proclamados por el Vaticano II o a las urgencias (evangelizadoras y reorganizativas) que brotan de una sociedad crecientemente secularizada.

Sin embargo, más allá de las dudas que razonablemente se abren sobre dicha descalificación en el actual papado, la de Poitiers es una experiencia de renovación que, con las adaptaciones y correcciones que se estimen oportunas, sigue siendo referencial. De hecho, lo es en las otras renovaciones que también se están llevando a cabo en Francia y en muchas iglesias locales de Europa.

1.- Algunos datos

Los datos históricos son incontestables y, a la vez, muy comunes a los de otras iglesias locales en Europa: la diócesis de Poitiers contaba, hacia la mitad del siglo XX, con unos 800 presbíteros y sus previsiones para finales del siglo XX e inicios del XXI eran de poco más de 200. No tiene nada de excepcional que -en sintonía con el modo de proceder de la gran mayoría de las diócesis francesas- afrontara su futuro y, particularmente, los problemas derivados del envejecimiento y disminución del clero de manera sinodal y corresponsable.

Fruto de ello fue la celebración, entre los años 1988 y 1993, del primer sínodo diocesano y el acuerdo de agrupar las 604 parroquias, entonces existentes, en 77 unidades pastorales (“relais”) con un consejo encargado de redactar un proyecto pastoral.

En enero de 1994 Albert Rouet, hasta entonces, obispo auxiliar en París, es nombrado titular de Poitiers en sustitución (por jubilación) de monseñor Joseph Rozier. Finalizada la celebración litúrgica de entrada en la diócesis, le entregan las Actas del Sínodo recién clausurado.

El nuevo obispo entiende que, antes de proceder a su aplicación, necesita conocer “in situ” el estado real de la diócesis. Esta inquietud le lleva a realizar una visita pastoral. En el transcurso de la misma se percata de que la remodelación que se piensa activar, al estar más preocupada por la estricta aplicación del código de derecho canónico que por la resolución de las urgencias pastorales, corre un alto riesgo de favorecer una reorganización clericalista ya que su referencia primera y última es el número (actual y previsible) de sacerdotes. Como consecuencia de ello, constata, se va a acabar condenando a su suerte a las pequeñas parroquias y se va a dar por buena una imperdonable hemorragia de personas y comunidades.

2.- Las claves de la renovación

Estas constataciones le llevan a proponer una renovación eclesial presidida no tanto por las previsiones de presbíteros o por las limitadas posibilidades pastorales que se abren a partir de una interpretación posibilista del derecho canónico, sino por la misión, la sinodalidad, la pertenencia responsable y corresponsable a las comunidades locales, la promoción de equipos pastorales de base y la potenciación de un nuevo modelo de presbítero en el que la dimensión cultual y litúrgica tenga su importancia, pero no el centro articulador en torno a la que giren las restantes. Sigue leyendo